Obra: “Memoria acerca de la hidrografía, meteorología, (…) del valle y en especial de la capital de México

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(Imagen: “Tenochtitlán”, mural de Diego Rivera)

Es 1865 y Juan Nepomuceno Adorno admira el paisaje que le rodea: el valle de México; 9,600 metros cuadrados que van desde el monte Sincoque al Norte hasta el Teutli al Sur. En él se encuentra una enorme urbe construida sobre seis lagos: Xochimilco, Texcoco, Chalco, Xaltocan, Zumpango, y San Cristóbal. ¿Qué clase de cráter lunar esa ésta región rodeada de montañas? ¿Cómo es posible que una civilización haya podido asentarse en una región tan azarosa como ésta? Inundaciones, fuertes lluvias, temblores, volcanes… pareciera ser que esta ciudad está hecha a prueba de todo.

Éste es un bello recuento de nociones históricas sobre los elementos físicos de la Ciudad de México, centrado especialmente en el aspecto primordial que ésta ha debido atender siempre: el estado hidráulico. Este rubro, desde tiempos prehispánicos, ha sido encargado a los mejores ingenieros y hombres de ciencia para su buen funcionamiento y ahora es Adorno quien se propone idear soluciones a los problemas frecuentes que el agua provoca en la ciudad. “El que se proponga resolver el problema de reducir esta ciudad y el valle en que se posa, a las mejores condiciones de salubridad, seguridad y feracidad, no solo debe dirigir sus investigaciones hacia la distribución hidrológica de sus aguas”.

Este ensayo se compone de tres grandes partes: en la primera, el filósofo mexicano observa cómo la región ha cambiado gracias a la intervención del hombre y de la misma naturaleza: “He dicho la naturaleza, porque es vidente que las aguas del valle han ido disminuyendo, sin que baste a explicar esta disminución enorme el aumento de evaporación producido por los desmontes de arbolados; he añadido “y el hombre”, por su tendencia constante en su civilización moderna a convertir esta capital en una ciudad al estilo europeo“. La urbe fue adquiriendo tamaño; se fueron cegando los canales urbanos y cada vez se producen más deshechos.

Adorno se percata de los asuntos principales: cada vez se reduce más el declive del suelo de la capital y existe un serio problema respecto a la salida de las aguas más bajas fuera del valle. Además, “se ve que el fondo de los lagos se ensolva de más en más continuamente, que los derrames de la ciudad misma contribuyen poderosamente a disminuir la profundidad del lago de Texcoco a donde se dirigen, y que si hoy mismo medimos lo que hay de declive desde la plaza mayor de México hasta el fondo de aquella laguna, no llega a tres metros perpendiculares”.

Estas observaciones llevan al inventor a preguntarse ¿qué pasará cuando esos tres metros de profundidad del valle hacia el vaso de Texcoco desaparezcan? ¿cómo evitar que la Ciudad de México se siga hundiendo? ¿será su destino el perecer ahogada en sus propias inmundicias? “¡Apresúrese el hombre a defender sus obras, y vencer a la naturaleza, ya que no consultó debidamente a ésta para edificarlas!”

En la segunda parte del ensayo Adorno realiza un balance de las principales catástrofes hídricas que ha vivido la ciudad desde tiempos mexicas. Desde la gran inundación por la fuente de Acuexeatl rescatada por Motolinia, el desbordamiento del lago de Texcoco durante el mandato de Ahuitzotl, hasta la inundación por lluvias en 1856 que obligó a Comonfort a nombrar una junta de peritos para resolver los problemas hidrológicos de la ciudad.

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(Vista aérea del municipio de Valle de Chalco, en el Estado de México, donde 220 casas fueron afectadas por las lluvias y el desbordamiento de una barranca en Santa María Huejopulco FOTO: Xinhua, http://fotos.eluniversal.com.mx/coleccion/muestra_fotogaleria.html?idgal=10601)

De esta manera continúa hasta la tercera parte. Después de hacer un inventario de cada proyecto realizado sobre la materia incluyendo su presupuesto correspondiente, Adorno describe la problemática desde su presente. Recién en 1864 la ciudad es vuelta a inundar por los ríos la Piedad, San Joaquín y Consulado debido al reviente de sus cauces. ¿Qué hacer? ¿Cómo diseñar un proyecto que acabe de una vez por todas con el problema del agua?

Éstas preguntas hacen que el mexicano llegue a idear un sistema de drenaje para la ciudad. A lo largo de sus páginas encontramos el surgimiento de una necesidad mayor por dar solución a los asuntos de una región cada vez más propia. Ya no se trata de un territorio inhóspito, ajeno, subdesarrollado, sino de nuestra ciudad. Este ensayo de Adorno simboliza el afán mestizo que observa su entorno y, con un ímpetu ilustrado, consigue para sí mismo hallar respuesta a problemas generales de la nación (como lo hace en Análisis de los Problemas de México…) pero también particulares como el caso del agua en la capital.

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Ficha del libro:

Adorno, Juan N., Memoria acerca de la hidrografía, meteorología, seguridad hidrogénica y salubridad higiénica del valle y en especial de la capital de México. México, imp. de Mariano Villanueva, 1865.

El texto completo se puede leer en los archivos de Archive.org:

https://archive.org/details/64010020R.nlm.nih.gov

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