La utopía de la máquina

autymusa

(Imagen: “Autorretrato con Musa”, Julio Ruelas. Tomado de: http://www.museoblaisten.com/v2008/hugePainting.asp?numID=571)

Nunca se abatía, nunca cejaba ni se volvía pesimista, ni aceptaba la posibilidad de que él o la humanidad fracasaran.

Con fracasos o no, la fe que tuvo en la humanidad y su progreso por medio de la ciencia  fue inquebrantable hasta el final de sus días. Cuando uno revisa los intentos interminables de Juan Nepomuceno Adorno por proveer a la sociedad de un artificio milagroso que acabe de tajo con algún mal inmediato, se da cuenta de que antes de ser ingeniero o inventor, Adorno fue un creador en un sentido amplísimo, un visionario. Sus obras y sus inventos, más allá de un fin práctico, perseguían el objetivo sublime de sumarse a la fuerza creadora en oposición a la destrucción que imperaba en una nación en imparable conflicto como lo fue México. Existía, pues, un afán constante por sumarse a la pacificación y el progreso que la modernidad prometía.

Ejemplos hay de sobra, desde su molino de vapor hasta su fusil blindado, cada invento que tocaba las puertas del Ministerio de Fomento tenía una justificación en la práctica dirigida a un bienestar social. Sin embargo, existe algo de tragedia en la historia de nuestro personaje, y es que el problema era que parecía absorto en un mundo sustentado únicamente en la potencialidad de la máquina, y no se preguntó hasta muy tarde sobre la realidad en la que vivía. De esta manera, la imágen del inventor, del hombre práctico, útil y productivo se confunde con la del hombre creador de utopías. 

Pues bien, si se permitía teorizar sobre las relaciones físicas y metafísicas de la providencia y la humanidad—en su más célebre obra La Armonía del Universo—no fue hasta Análisis de los males de México y sus remedios practicables donde se obliga a poner pies en tierra e incluso a tomar partido en cuanto a la realidad de un país que se caía a pedazos y que quizás, no necesitaba de inventos innovadores ni tecnología afamada, sino de la unión de fuerzas para un bien común.

Sin embargo antes de dar este salto de realidad en realidad, encontró en la mecánica un refugio donde las fantasías estaban a la espera de un obstáculo que salvar, donde las respuestas más profundas estaban al alcance de los cálculos y donde las máquinas estaban dispuestas una a una para saciar la discapacidades del individuo, así fueran discapacidades morales. Al respecto apunta Pablo González Casanova en Una Utopía de América

“Sus abstracciones mecánicas le habían permitido creerse que se hallaba empeñado en una notable labor de salvación. Y su fe en las abstracciones había sido tan grande, que jamás se preguntó si esas abstracciones eran la causa de sus fracasos” (p. 66).

Y sin duda no hacía más que obedecer a la lógica de su tiempo.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s