Los inventos: Maquina para liar.

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(Imagen: Hacia 1940. Taller de elaboración mecánica de cigarros FARIAS con desvenadoras (máquina para quitar la vena central de la hoja). (Archivo Gráfico de Altadis)  http://www.oficiostradicionales.net/es/industriales/cigarreras/tabacalera.asp

El primer proyecto que lo acercó al trabajo de tecnólogo fue el de diseñar y construir unas máquinas “entéramente originales”, adecir suyo, para fabricar cigarrillos de tubo como los franceses y rusos, puros habanos y mexicanos y así industrializar el mercado del tabaco, que fue primordial para la economía Mexicana. Para esto le fue dado un “parco financiamiento gubernamental”, según Omar Sánchez Santiago, con el que partió en 1845 a Europa para llevar a cabo su empresa. Sin embargo, el mismo Adorno denuncia cómo 

[…] en el año de 1845 marché a Europa bajo un contrato hecho con el Supremo Gobierno para la construcción de dichas máquinas, pero desgraciadamente las circunstancias aciagas de aquella época y las posteriores impidieron que se me ministraran las cantidades estipuladas en el relacionado contrato. He regresado por fin a la república después de haber empleado mi fortuna, mi crédito y ocho años y medio de mi vida para llevar al cabo mis invenciones con la aspiración en que sean útiles a nuestro erario, pero de nuevo he encontrado con el inconveniente de estar arrendada la renta de tabacos a una empresa particular.

Pero esto no lo desanima, después de exhibir una de sus máquinas a Lerdo de Tejada y tras la noticia de que la fábrica de tabaco había sido traspasada a una empresa particular, Adorno, confiado en su innovación, solicita un privilegio como inventor por quince años, esperanzado en que sus máquinas serán utilizadas más adelante, esta confianza se extiende hasta 1858, cuando en su Análisis de los males de México… insiste en que el gobierno debería poner en uso su invención, com su incansable afán de ser útil a la sociedad.

Desde 1845, cuando parte a Europa, deja en claro que la propuesta de su empresa va dirigida a resolver un problema que entorpecía a la economía Mexicana: el contrabando. Dice Pablo G. Casanova al respecto:

“Pensaba pues que sus máquinas manufacturarían los labrados con más pperdección que la mano humana, pero también en forma distinta, con lo que se evitaría que el presupuesto nacional siguiera sufriendo por el contrabando […]”

El mercado tabacalero no se industrializó, ya que la empresa concecionada no quiso poner en práctica las máquinas de Adorno, y esto debido a que la capacidad que México tenía, tanto para resolver el problema de fondo, como para solventar económicamente una verdadera industrialización, estaban más allá que una máquina.

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